Celebraciones de año nuevo
Basta ya de petardos, alcohol, uvitas y todas esas mariconadas. Cambiemos las costumbres. Para la próxima ocasión, propongo que cada uno elija un método de suicidio no inmediato, a poder ser algo que tarde en hacer efecto el doble o el triple de los que duran las campanadas, pero cualquier cosa que mantenga la duda sobre el resultado final vale. Desde el momento en que comienzan a sonar los cuartos hasta que acaba la última campanada, cada uno podrá ejecutar el método elegido sin que nadie interfiera. Después, se abre la veda de la salvación. Se permite provocar vómitos, tapar heridas o lo que se considere necesario, incluso pedir ayuda profesional. Eso sí sería un comienzo de año interesante. Y tampoco creo que los servicios de urgencias fueran a tener mucho más trabajo que ahora.
Por cierto, que como muchas otras cosas, si se hace solo no tiene gracia.