Meme Gato
Con este episodio acaba la serie, por ahora. Y es que el lector avispado se habrá dado cuenta de que Don Pastrami habla de cómo duermen sus gatos, no de cómo llegaron a él.
Aquí suele hacer calor en verano y frío en invierno, aunque últimamente parece que tenemos calor en invierno y más calor en verano. Creo que llevo más de un año sin usar manta, y tal vez haya pasado más de la mitad del mismo durmiendo sobre la cama, en vez de dentro de ella.
Cuando hace calor hay que mirar bien dónde se ponen los pies, puede uno pisar una alfombra que al instante salga corriendo. El gato se tumba —y se duerme— en cualquier sitio. Nada de ovillos en esta época, bien estirado, como intentando alcanzar unas patas con las otras dejando el lomo, no la tripa, en el interior del círculo. Las zonas sin tránsito deben de tener un campo mágico repelente, o algo así, porque el mejor sitio es en medio del pasillo o en el hueco de una puerta.
Según va haciendo menos calor es más fácil encontrarlo en el sofá, en una cama o en algún armario. Otro lugar habitual sería encima del CRT, pero ya no se enciende. Por la noche elige más o menos la misma posición que el Rubio, pero estirado, no en ovillo. Los días de más calor tiende a una posición más cercana a los pies; los de menos, a la opuesta. Creo que es por esto que ahora una rodilla me hace clic-clac. Si me encuentra acurrucado suele darse primero un paseo por el tronco para pasar después tres o cuatro veces por mi cara, a ver si me estiro. Si no lo hago acaba también acurrucado, asegurándose en cualquier caso de que mis piernas carguen con buena parte de su peso. Por suerte hay algún día, por pocos que sean, que elige otra víctima.
Cuando hace poco vinieron unos días algo fríos desapareció por las tardes de armarios y sofás, y había que buscarlo acurrucado dentro de alguna cama. Se acerca, separa con la cabeza o una pata el edredón o lo que sea que tape la cama elegida, pega un salto y busca un sitio. Por la noche dejó mis piernas para meterse dentro de la cama sobre un brazo, al estilo del Abuelo, pero con la cabeza hacia mi hombro. Unas veces estirado y otras tumbado de lado. En ocasiones incluso con la cabeza fuera de las sábanas, como una personita. Tras probar así se fue con mi madre y me dejó dormir más o menos tranquilo un par de días. Al fin y al cabo, ella sí usa manta.
Como todos sabemos, lo bueno dura poco. Así que ha vuelto conmigo. Se mete al estilo Abuelo, y si ese día hace un poco más de calor, sale después de un rato para colocarse al estilo Rubio. Además ahora duerme bastante más, y no le vale con compañía sólo por las noches. Cuando acabo de comer va a buscarme, a veces estando aún sentado a la mesa, y en cuanto me levanto sale disparado hacia mi habitación. Entonces tengo dos opciones: puedo echarme una siesta de más de dos horas con el gato (no hace falta que yo duerma, basta con que esté allí quieto con el brazo o las piernas aprisionados) o puedo estar siendo interrumpido toda la tarde cada dos minutos, cabreándome más a cada momento y cagándome en mi hermana y en la madre que la parió.