Meme Gato
En una de esas fiestas obligatorias nos fuimos todos para Santander, como siempre, así que el gato volvió a casa con su dueña.
En otro tiempo y otro lugar, Última Convocatoria pasó por el registro para cambiarse de nombre. A partir de entonces se llamaría Penúltima Convocatoria. Poco después Última Convocatoria (otra distinta) se presentaba en sociedad.
El alérgico tenía ahora varios meses de tranquilidad para seguir trabajando en su proyecto, y bien dispuesto a hacerlo que estaba. Sin embargo, dos más dos son cuatro, y habiendo una nueva oportunidad para fastidiar no podía desaprovecharse. Así que la hermana del alérgico, también conocida como la dueña del gato, se fue a Londres. No hizo falta ni insinuarlo: rauda fue su madre a por el gato para cuidarlo ella. Pasando de él, como la otra vez. De este modo volvieron a reunirse el gato y el alérgico, y de nuevo le fue imposible a éste hacer algo tranquilo durante más de 10 minutos seguidos.
Si el gato quería dormir, tenía que ser sobre los brazos aprisionados del alérgico. Si el gato quería correr, tenía que ser delante del alérgico. Y las ganas de hacer alguna de estas cosas eran mayores cuanto más ocupado pareciera estar éste. Así, en cuanto se sentaba frente al ordenador aparecía el gato a su lado pidiendo atención, si leía el periódico se sentaba encima, si no le hacía caso salía a arañar la pared de la forma más molesta posible o le daba por subirse a aparatos delicados, y cuando por fin lo seguía, se sentaba mirándolo sin moverse.
Y aquí sigue el gato, meses después de que su dueña volviera de Londres e incluso pasara a llevárselo
(porque le pillaba de camino de vuelta de otro viaje, claro).