Envidia
Quiero lo que tienen Amy y Ephram (Everwood). Con la mitad me conformo. Pero llevo diez años de retraso, y así va a ser imposible.
Tuve mi oportunidad en su momento, la reconocí y, como siempre, la dejé pasar. También como es habitual, estoy llorándola desde entonces.
Y es que no puede ser. A un “¿Me quieres?” siempre diré “No lo sé”, porque nadie me ha dicho todavía cómo saberlo. Y como “cuando lo sientes lo sabes y no tienes dudas”, la consecuencia es obvia: no puedo amar, aunque mis sentimientos sean los mismos que a otro le harían responder que sí. Pero claro, ¿qué se puede esperar de una definición para el amor que sirve igualmente, sin cambiar ni una coma, para las cosquillas o el estreñimiento?
Y aunque pudiera resolver ese enigma, aún quedaría el otro problema.
En fin, siempre me quedará el consuelo de que, como con el resto de cosas que se viven a través de otros en libros o películas, esto tampoco sea para tanto cuando se siente en carne propia.